Caracolas de silencio
tejen sus manos delgadas
mientras la tarde perfila
los follajes de los talas,
Cuando a la orilla del vuelo
vienen a dormir las garzas,
sueña que sueña mi niña,
junto a los dedos del agua.
Las florecillas del viento,
trenzando verdes distancias,
andan con pisadas leves
los harapos de su falda.
Y al ocultarse las islas,
por las veredas sonámbulas,
mi niña sueña que sueña,
sueños de lunas quebradas.
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