Ven, gurisito callado
a habitar en mi alegría.
Con tu mano y con mi mano
levantaremos la risa
y enhebraremos un sueño
desde tu orilla a mi orilla.
Dame tus ojos de noche
para encender las semillas,
que yo te daré mis soles
detrás de las celosías
y enhebraremos un vuelo,
desde tu orilla a mi orilla.
Porque a pesar de la ropa,
de la escuela y la comida;
debajo de nuestras pieles
somos de la misma arcilla
y enhebraremos raíces,
desde tu orilla, a mi orilla.
Y cuando cruce los ríos
nuestra cadena tendida,
amarrarán en tu arena
las vacunas, las espigas…
y enhebraremos un canto
desde tu orilla a mi orilla.
Entonces, todo el silencio
será una ceniza antigua
que se llevarán los vientos
por sus calles sin esquinas.
Y enhebraremos un cielo,
con tu mano… y con la mía.
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