El viento rompe totoras
con furia de zarpas finas.
Una bandada, en silencio,
cruza la tarde vacía
buscando el refugio tibio
del estero, por las islas.
La canoa es un columpio
bajo un cielo de llovizna.
Todo el invierno, desnudo
sobre la risa aterida,
oxida vientres de lata
con el agua de la orilla.
Hebras de lana destejen
los asombros de ceniza.
Verdes ráfagas humeantes
rondan la yerba cocida
donde rodajas de panes
desgranan su voz de harina.
Huele a ternura el aroma
de la pequeña cocina.
Después, al dormirse el viento,
las cucharas desvalidas
despoblarán la polenta
ante la mesa tendida.
La luna viene encendiendo
sus lámparas amarillas.
Y cuando la noche salga
a sembrar blancas semillas,
perfiles de sauces secos
le morderán las mejillas.
1 comentario:
-Todo un encanto de hogar de unión,
una atmósfera mágica de pura vida.
Saludos y cariños
A.M.R.F.
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