En bandolera.
Sin alas, pero con vuelos,
los niños cruzan la tierra
para encontrar la frescura
de las lenguas alfareras.
Quién pudiera andar con ellos
por las descalzas veredas
cuando se astillan los soles
sobre el vientre de la arena.
Andar, como quién diría,
con la infancia en bandolera
embistiendo mariposas
que alborotan en las hierbas.
Andar de ladrido al hombro,
sin esquinas ni impaciencias
ni fechas establecidas
en calendarios de piedra.
Ejerciendo el viejo oficio
de llevar la risa a cuestas
y oír silbar las calandrias
entre las ramitas secas.
De escuchar, hacia los ceibos,
dulce zumbar de colmenas,
mientras florecen las islas
vestidas de primavera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario