El árbol murió de viejo,
y esquirlas de viento helado
lo tumbaron en las hierbas
para amasar un milagro.
Lenguas de sol encendido
sobre el follaje cansado,
desalojaron la savia
que refugiaban sus brazos.
Largas lunas de intemperie,
oscuros días sin pájaros
y, una mañana, los dientes
del hacha en su tronco áspero.
Sabe que su cuerpo seco
ya no es abrigo del canto,
que su substancia se pudre
entre musgos y gusanos.
El nació para servir.
Por eso se entrega, manso,
a las crueles dentelladas
del metal descascarado.
Desmembrado y sudoroso
cruzará la isla, silbando.
Esta noche será vida
en la tibieza del rancho.
1 comentario:
-Hay ojalá que fuera así ,otro el mundo sería si el ser humano agarrarra solo árboles muertos, pero los arrebata en la flor de la existenia y los merma sin darles la oportunidad de multiplicarse. Las iliustraciones son interesantes.
Saludos y cariño
A.M.R.F.
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