Porque la infancia es sonrisa,
vamos a enhebrar un juego
hasta encontrar la esperanza
que se escondió entre los ceibos.
Hay que mirar, sin urgencias,
por los desnudos senderos,
antes que cubran sus huellas
las cenizas del silencio.
¡Piedralibre a la esperanza!
En el bullicio del viento,
en el refugio de adobe,
en los gurises isleños.
Bajo el cauce de la tarde
andan sus duendes secretos
enredando, en los timbóes,
memorias de nidos viejos.
¡Piedralibre a la esperanza!
En la libertad del vuelo,
en las manos pescadoras,
en las redes de los sueños.
Mañana, cuando las garzas
bostecen por el estero,
con los ojos transparentes…
vamos a jugar de nuevo.
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